La obra del artista supone una reflexión en torno a la práctica pictórica en sí misma, entendida por el artista como un lenguaje vivo en constante transformación. A través de los recursos propios de la misma —composición, color, textura, ritmo...— construye obras abstractas de presencia y significado único.

De este modo Cremades, ofrece al espectador un espacio de contemplación y reflexión casi místico, espiritual, en el que el resultado de su práctica e insistencia constante en la pintura, termina por desvelarnos lo que antes permanecía oculto.